The Boys

The Boys (2019) es una impactante serie de superhéroes del lado oscuro un tanto fuera de lo común, con una producción más que decente, una cinematografía cuidada y un guión sobresaliente. Son ocho episodios de una hora que se disfrutan a gusto, con un arco argumental completo que engancha a partir del segundo episodio. Eso sí: un gran aviso inicial advierte que es «muy para adultos» por la presencia de violencia + gore, sexo, drogas, palabrotas y algunas cosas más. Un poco de tripas asquerosas, irreverente y bestia sí que es –estilo Deadpool– aunque quizá un puntito más allá de lo necesario.

Dejando de lado las parodias sencillas y las historias de superhéroes suplentes de baratillo de las últimas épocas (The Tick, Titans, Umbrella Academy, Luke Cage, etcétera) The Boys recuerda más a cómics y películas como Irredeemable, o incluso Kick-Ass o Heroes aunque lo más cercano sería quizá Watchmen, a los que lógicamente no puede hacer siquiera sombra. Y es que más que héroes son «vigilantes», en el sentido americano, con los dilemas incluidos en el pack.

The Boys

La historia se desarrolla en un presente en el que hay superhéroes que no se sabe muy bien cómo han adquirido sus superpoderes, algunos más poderosos que otros, con Patriota como parodia de Superman, Reina Maeve como Wonder Woman, A-Train como Flash, Profundo como patético Aquaman y otros. Una especie de «cara b» de la Liga de la Justicia, en chungo. En ese mundo los superhéroes son celebrities de primera magnitud y están hipercomercializados con todas las técnicas del márketing: viven en una especie de reality show con vidas milimetradamente guionizadas, cámaras que graban sus hazañas, equipos de apoyo logístico, figuritas de acción, patrocinios, representantes en redes sociales y medios… el kit completo.

A raíz de una serie de fortuitos acontecimientos relacionados con el protagonista –un vendedor de gadgets de una tienda de electrónica– y de la nueva heroína del grupo, Luz Estelar, los espectadores descubren que las cosas son mucho más oscuras y turbias de lo que parecen en ese idílico mundo: todos tienen un pasado –tirando a tenebroso– y los más sucios secretos imaginables. La historia se va complicado con unas situaciones tapando otras, decisiones morales cuestionables, mucho de política, algo de religión, debilidades humanas, traición… Un tutti-fruti de emociones, vamos. Lo típico de cuando se abusas de los superpoderes.

Al igual que en cómics como Superior o Irredeemable en The Boy tenemos a la figura del «superhéroe superpoderoso» (Patriota) capaz de hacer temblar los cimientos morales de la sociedad, los gobernantes y el resto de superhéroes. ¿Es capaz de ayudar a toda la raza humana? ¿Debe obedecer a alguien? ¿Es un héroe o en realidad un tirano? ¿Cuál es la medida de la moralidad de sus acciones? Esa es quizá la parte más interesante de la serie, aunque además de eso tiene también momentos muy hilarantes –especialmente con Profundo, cuyo superpoder va poco más allá de «hablar con los peces»– y algo de acción militar y policíaca. Definitivamente apropiada para matar unas cuantas horas en verano. Nunca mejor dicho.

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